AGENDA 21
Sandra
Virginia Herrera Castillo
El
concepto de Programa 21 se gestó en la Conferencia Mundial sobre el Medio
Ambiente y Desarrollo Sostenible organizada por Naciones Unidas en Río de
Janeiro (Brasil) el año 1992, también
conocida como Cumbre de la Tierra. Se trataba de apoyar iniciativas que
construyeran un modelo de desarrollo sostenible para el siglo XXI, de ahí su
nombre.
La Agenda
21 fue suscrita por 172 países miembro de Naciones Unidas. Estos países se
comprometen a aplicar políticas ambientales, económicas y sociales en el ámbito
local encaminadas a lograr un desarrollo sostenible. Cada región o cada
localidad, por su parte, desarrolla su propia Agenda Local 21, en la que
deberían participar tanto ciudadanos, como empresas y organizaciones sociales,
con el objetivo de generar y consensuar un programa de políticas sostenibles.
Se podría
definir la Agenda 21 como una estrategia global que se lleva a la práctica de
manera local y que implica a todos los sectores de una comunidad: sociales,
culturales, económicos y ambientales. Es, en definitiva, un compromiso hacia la
mejora del medio ambiente y, por ende, de la calidad de vida de los habitantes
de una comunidad, municipio o región. (Sanz, 2010)
Los países miembros del
Parlamento Latinoamericano, han ratificado los acuerdos y organizado sus
propios programas a nivel nacional y local, siguiendo las guías que para tal
fin han desarrollado diversas entidades asociadas a las Naciones Unidas. Un
ausente notable es Estados Unidos, país que asistió a la Cumbre de Río pero que
se abstuvo de firmar la declaración y el programa.
El proceso de “globalización de
la economía” y el deterioro socio-ambiental que lo acompaña, han avanzado en lo
que va de estas décadas, más rápidamente que el proceso de comprensión del
alcance y significado así como en la aplicación del concepto de “desarrollo
sustentable”, el cual parece hoy, 20 años después, un tema de interés académico
y político, pero cuya conversión en práctica social y económica sigue tan
lejana como cuando fuera planteado. (Szeplaki Eduardo, 2012)
Es urgente establecer una
alianza global para el desarrollo sustentable, y ello requiere, además de la
voluntad política y del apoyo financiero correspondiente, de una distribución
equitativa de los adelantos científicos y tecnológicos y de una transformación
del sistema educativo a todos los niveles. En particular, los países de la
región aún acusan un acceso limitado al conocimiento. Es imprescindible iniciar
un debate político global para resolver la paradoja de que estos derechos
intelectuales incentivan la innovación pero restringen el uso y la difusión de
sus beneficios. Tal como ocurre en el ámbito de la salud y el acceso a los
medicamentos, se debe fortalecer la capacidad de negociar la flexibilización de
los regímenes de propiedad intelectual para asegurar la transferencia de
tecnologías limpias o apropiadas al desarrollo sustentable.
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